El experto opina
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El experto opina • Fecha: 02-06-2005 09:55:50

Breve historia del cine moderno, III
Una organización extranjera y/o un retorcido psicópata (enemigos)
Es evidente que en toda película de acción han de abundar personajes con otro corte ideológico, mayormente negativo, al de los protagonistas. Son llamados comúnmente los “malos” aunque la modernidad ha dado en llamarlos a veces “comunistas”, “pieles rojas” o “terroristas”.
Lo que ha de tener presente cualquier director de cine de acción novel es que, si los personajes protagonistas deben seguir fielmente el canon que presentamos en el capítulo anterior, esto también es válido para los malos. Con esto quiero decir que los caracteres de por qué un enemigo es enemigo han de quedar suficientemente dilucidados al espectador para no dejar ningún género de dudas y que no se desvirtúe el sentido general del filme hacia, por ejemplo, alguna mediocridad de cine independiente checo.
Hay, como ya habrá intuido el lector, dos clases de malos: los extranjeros y los nacionales. Incluso aquí el cine de acción ha mostrado su rigor con la pura realidad. Si el motivo de la película es una crisis internacional (bombas, conquista del mundo, etc.) el problema siempre viene desde el otro lado de las fronteras norteamericanas. Y digo norteamericanas y no
occidentales porque el enemigo en La Jungla de Cristal III no viene de Rusia, ni de África: viene de Alemania. Por todo es sabido que, desde que Alemania perdió el norte (y la guerra) allá por el 45, guarda en el inconsciente colectivo un rencor hacia los Estados Unidos: basta psicoanalizar (verbo acuñado por los propios alemanes, paradójicos científicos) a cualquier teutón para darse cuenta de que en el fondo más recóndito de su alma sigue anhelando un nuevo resurgimiento del espíritu alemán, a la guisa de poetas y filósofos románticos como Hölderlin, Hegel o el mismísimo Goebbels. Pero, ¡ah, amigos míos! Los tiempos cambian y donde antes había un sueño nacionalsocialista hoy sólo queda un afán de avaricia y enriquecimiento personal: los alemanes (pos-comunistas todo hay que decirlo) que dirige Jeremy Irons no anhelan el derrocamiento del capitalismo, sino su absorción, cual horchata veraniega a las arcas de los propios terroristas. Y esto es intolerable para los norteamericanos: por eso han de ser necesariamente enemigos.
Si los terroristas alemanes de
JC III tenían algunos atisbos de la elegancia bárbara de Marlene Dietrich, los terroristas árabes de
Mentiras arriesgadas son todo lo contrario: sucios, desorganizados, gritones, incapaces de hacer funcionar una cámara de vídeo... etc., pero que, sin embargo, poseen, como por todos es sabido, esa peculiar habilidad, común a todos los pueblos musulmanes, de adquirir y manipular bombas atómicas como quien prepara una pipa de kif en Rabbat. Debemos añadir que todo argumento que contenga árabes terroristas (valga la redundancia) debe incluir, como poco, una escena en la que dos extras que hagan de malos disparen un cohete, vía bazooka, contra los buenos: los dos preparan como puede - pues es importante señalar la poca preparación de los terroristas, más afines a la acción que al espíritu - del lanzacohetes entre gritos ininteligibles y tras un intento fallido (en el cual puede morir un árabe, si la estructura narrativa así lo exige), acierta de pleno en el tanque o avión de los buenos, sin llegar a aniquilarlos completamente.
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boop
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